Velocidad y energía invisible: Deslizándose sobre un colchón de energía.
Los trenes de levitación magnética (Maglev) desafían la gravedad con su elegante movimiento sin fricción. Pero, ¿de dónde proviene la energía que impulsa este sistema futurista? La respuesta es simple: Electricidad.
En el corazón funcional del Maglev residen electroimanes y superconductores.
La levitación se logra mediante dos conjuntos de electroimanes: uno en la guía y otro en el tren. Al crear campos magnéticos opuestos, estos generan una fuerza repulsiva que eleva el tren unos pocos centímetros sobre la pista.
Existen dos tipos principales de Maglev:
Maglev electromagnético (EMS): utiliza electroimanes convencionales para la levitación y la propulsión. Maglev de superconducción (EDS): emplea superconductores para crear campos magnéticos aún más fuertes, permitiendo una levitación más eficiente y velocidades más altas.
Es cierto que los trenes Maglev requieren una cantidad considerable de energía para operar. Sin embargo, la eficiencia de la levitación magnética y la ausencia de fricción mecánica compensan en gran medida este consumo. En comparación con los trenes tradicionales, los Maglev pueden ofrecer:
Menor tiempo de viaje: velocidades de hasta 600 km/h. Mayor capacidad de pasajeros con menor ruido y vibraciones y además, durante su funcionamiento, un menor impacto ambiental, pues no se producen emisiones de gases de efecto invernader
La tecnología Maglev aún se encuentra en desarrollo, pero su potencial es enorme. Ciudades alrededor del mundo están invirtiendo en proyectos Maglev, lo que podría transformar la forma en que viajamos en el futuro.
Feliz comienzo de 2026: ¿Qué tiene que ver el anime y las grandes infraestructuras eléctricas?
Volvemos en 2026 inspirados en la Cultura Popular: El anime Neon Genesis Evangelion y su famoso episodio 6, donde, para poder derrotar al enemigo, hubo que canalizar toda la energía eléctrica de Japón hacia un único punto, un cañón de positrones que debía detener a Ramiel (uno de los antagonistas, conocidos como «ángeles»). La estrategia se bautizó como Operación Yashima.
Más allá del anime, esta escena supone una de las metáforas más potentes sobre la interconexión eléctrica, la gestión de la demanda y la coordinación de sistemas de potencia. Para lograr algo así en el mundo real, sería necesario un control absoluto de todas las Centrales de generación, distribución y consumo, sincronizando cada subestación, línea de transmisión y transformador del país, para converger en una especie de «batería» que suministrara cerca de 200GW a un dispositivo, hoy por hoy, imposible.
Por comparar con ejemplos cuantificables: UN SOLO disparo de tal cañón, equivaldría a la energía unificada de 180 centrales nucleares, o de –por ejemplo– OCHO presas como la de las Tres Gargantas en China a pleno rendimiento simultáneo.
Lo fascinante es que, tras el terremoto y tsunami de 2011, Japón revivió ese espíritu y la “Operación Yashima” real se (re)convirtió en una campaña ciudadana para reducir el consumo energético y mantener la estabilidad del sistema eléctrico nacional.
De la ficción a la ingeniería. De la pantalla a la red. Hoy, con la distribución de energía, las redes inteligentes y el almacenamiento eléctrico, ese episodio sigue recordándonos una verdad esencial, tanto desde el punto de vista de la infraestructura, como de la necesidad de optimizar nuestros recursos de forma eficiente y sostenida.
Se trata de una subestación transformadora de tensiones 45KV (entrada) y 15 kV (salida). La SET es de tipo interior con las aparamentas de ambos niveles en cabinas metálicas compartimentadas.
La protección y control se ha realizado mediante unos relés de protección con mando integrado, estando situados estos en las mismas cabinas en las posiciones de 15kV, y en armarios de control independientes en las posiciones de 45kV.
El transformador de potencia 45/16kV s 15MVA se ha situado en intemperie, sobre bancada con cubeto de recogida de aceite.
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